La Compañía Nacional de Danza, dirigida por Nacho Duato, puso ayer en escena en el Teatro Calderón dos piezas: “Wings of Wax” y “Herradumbre”. Y lo sé, sé que la danza no es teatro. Pero la danza sirve, al igual que el teatro, para narrar una historia, transmitir unos sentimientos. Pero no lo hace a través de la palabra, como en el teatro, sino a través del baile.
En “Wings of Wax” (Alas de Cera), estreno absoluto ayer en Valladolid, su coreográfo, Jiri Kylián, se basa en el mito de Ícaro, que quiere volar tan alto que el sol derrite sus alas de cera. Cuatro parejas en el escenario vestidas completamente de negro, un árbol y un foco colgantes componían la escena. Una pieza, sin duda, llena de elegancia, belleza y sobriedad.
El plato fuerte vino después, con “Herradumbre”, un alegato contra la tortura, el terrorismo y la guerra, para la que Duato se inspiró, en parte, en los atentados del 11-M. Una representación diferente, con música electrónica y bastante dura en algunos momentos, por ejemplo, cuando los bailarines simulaban una pelea o estar maltratando a un hombre.
Estoy segura de que el espectáculo no dejó indiferente a ninguno de los presentes, aunque ningún espectador abandonó la sala, como ya ocurrió en el Teatro Real durante su representación en Madrid. Si queréis juzgarlo vosotros mismos, aún estáis a tiempo. La representación estará en cartel hasta el domingo en el Calderón.
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